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Acerca de un caso clínico
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Trabajo presentado en Jornada anual Toxicomanía y alcoholismo Buenos Aires.  Escuela de la orientación Lacaniana. Noviembre 2015

"El tutelado"

Por: Lic. Mariela Coletti


José es un joven que dice ser tímido. Sin embargo, es locuaz. “La adicción al juego fue mi manera de manifestar lo que no podía expresar". Me acerco a la adultez, pero soy aniñado. Nunca tuve necesidad ni voluntad de asumir responsabilidad. Sentía que “tenía que” tomar las riendas. Nunca digo “quiero esto”, acepto lo que hay. Me crié así, pasivo y servicial.

Mis padres tienen una devoción conmigo. Nunca hubo rebeldía, siempre hubo todo. Mi adicción fue un escape, una forma de encontrar la imperfección. Ellos no pudieron ver que atrás de esa imagen, sentía mucha inseguridad.”

José es adoptado “Fue fortuito. Mi padre no podía tener hijos, sus espermatozoides no tenía movilidad…Una vecina quería dar a su bebe, hicieron una adopción directa.

Nunca tuve curiosidad ni inquietud.

 

Hace un año, en plena adicción al juego, busqué a mi madre biológica. Ella sentía congoja y culpa, pero no estaba arrepentida. Yo no sentí nada, y tomé distancia. ¿Quién era mi madre? La abracé a mi madre (adoptiva) y me di cuenta de mi ingratitud. Siempre recibí y no di. "Tuve una dependencia con el juego, porque tengo una dependencia con el otro”

Hace 3 años experimentó un desborde importante con el juego, robó a sus padres, robó en su trabajo, contrajo préstamos, le embargaron el sueldo. Estuvo vigilado, sin poder manejar dinero, sin trabajar, tratándose durante 1 ½ año en un hospital de día.

Cuando sale conoce a su actual novia, con quien convive.“Todas mis parejas fueron mujeres de armas tomar...que llevaban las riendas”. Ella administra su ingreso y sus movimientos. “Yo fui creyendo que necesitaba un tutor. Creí que no podía, que no estaba listo. Ahora quiero probar. Pero tengo miedo de fallar, porque ya creí que podía y tuve recaídas.

Cuando tengo cierto control, me relajo y voy entrando en una dejadez”

Empujado por la mujer, que expresa una insatisfacción por su falta de movilidad y ambiciones, José relata que tiene un problema que a él no le molesta, pero a ella sí. Nunca se le separó bien el frenillo del pene y debería operarse. Eso limita su placer sexual, casi no experimenta orgasmos y tarda mucho en eyacular. Esto a ella la insatisface, como su falta de iniciativa. ¿Porqué nunca lo dijo? “Porque a mí no me trae problema”.

Se opera. Entre ellos hay una crisis, ella se quiere separar. Experimenta un cambio en su placer sexual, que coincide con la separación. Vuelve a vivir con el padre. José falta, llega tarde. Explica, paga las sesiones. Avisa, pero se escurre.

¿Cómo se paga en un análisis? 

Un día paga de más. Advierto que esta es una forma de desculpabilizarse. Llama su madre, lo nota aislado, enojado, que no quiere hablar. José dice que ella lo acosa, lo inunda y él se defiende peleando y huyendo. “Ellos no cambian, son así. Mi padre es muy invasivo, me regala cosas que no necesito y no quiero”. El padre viene a una entrevista: “Yo soy un invasor. Es imposible penetrarlo, pero sé que está jugando. Es muy mentiroso, se mete para adentro. Tengo mis cosas bajo llave”.  ¿Y porqué quiere penetrarlo? Soy así, contesta, no lo puedo evitar.

José vuelve a faltar. “Mi abuela está muy grave y tengo que ir a cuidarla, porque mi mama esta angustiada. Cuando pueda voy”. La madre llama preocupada me aclara que la abuela está bien. Llamo a José y le digo: Me macaneaste…Quiero que vengas mañana. Accede.

Quiere pagar todas las sesiones que no vino. No acepto. ¿Por qué no?  pregunta. No es el dinero, quiero que vengas. ¿Es lo mismo la verdad mentirosa que una mentira deliberada? Y relata su derrotero terapéutico: “Siempre me negué a las terapias. Siempre me costó hablar con mis padres, sabían todo de mí, me sentía invadido, violado en mi privacidad”. A los 12 me mandaron. Eran silencios de media hora. Nunca detecte porqué iba.” “Siento que tengo un casco enorme en la cabeza, yo no me puedo dar la cabeza contra la pared, pero es un casco que yo no me puse. Pero eso me da impunidad, nada tiene consecuencias o yo no las absorbo. Traicioné la confianza en este espacio. Tuve miedo de volverme dependiente. Cualquier necesidad es peligrosa para mí, el peligro es cuando no lo puedo suplir. Sentí que eras la única a la que le hablaba de mis cosas. Quería sentir que no necesitaba. Yo estoy más cómodo cuando alguien me lleva, pero me agarra fobia y quiero salir.

Pero no sé que hacer sin guía, me da miedo. Creo que mi bienestar es estar tutelado. No es que yo no cuento algo por miedo a.…” Intervengo: ¿Que es contar? ¿Contás con el otro?

“A mis padres no les tengo confianza. Yo hago de cuenta que hablo, que confío, que me trato, etc.”

Subrayo “Haces de cuenta”

La puesta en función del falo está en sus albores aun, sostenerse en su impotencia parece estar al servicio de sostener al Otro, sus tutores. José no juega aun su partida en relación al saber sobre el sexo. El esbozo de transferencia, cuando se transforma en necesidad, lo precipita en un callejón sin salida, cuya salida es la actina.

Lo que está en juego no será tanto lo que dice o no dice sino su relación a la palabra y a la analista.

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