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Ludopatía y condición femenina
Escritos

Trabajo presentado en Maestria clinica psicoanalitica Universidad de San Martin

Año 2016 Lic Mariela Coletti

 

 

¿DONDE?

¿Me extravié en la fiebre?

¿Detrás de las sonrisas?

¿Entre los alfileres?

¿En la duda?

¿En el rezo?

¿En el medio de la herrumbre?

¿Asomado a la angustia, al engaño, a lo verde?

 

No estaba junto al llanto,

junto a lo despiadado

por encima del asco

adherido a la sustancia,

mezclado a la ceniza, al horror, al delirio

 

No estaba con mi sombra

no estaba con mis gestos

mas allá de las normas

mas allá del misterio,

en el fondo del sueño, del eco, del olvido

¡No estaba, estoy seguro!

No estaba

Me he perdido

 

Oliverio Girondo- Antología

 

Me dedico desde hace años a explorar una adicción llamada ludopatía, o adicción a los juegos de azar. La considero una forma tóxica del uso del juego de azar, donde no hay ingesta de sustancia, pero si un consumo y una extracción de goce, acercándose a la expresión “nuevos adictos”

La manía del juego tal como Freud la describió y algunos psicoanalistas discípulos de él, como Edmund Bergler, fue entendida desde la perspectiva fálica y edípica.

 

Un goce auto-erótico “la primera adicción es la masturbación”, una necesidad de perder, cercano a una necesidad de castigo masoquista (Bergler) y una búsqueda de alivio del peso del superyó, por la culpa soportada, ante deseos reprimidos.

 

Si bien son coordenadas teóricas útiles y aplicables, son insuficientes para abordar el fenómeno clínico del juego en las mujeres, especialmente en las máquinas tragamonedas.

 

Mi interés se articula a lo que estudiamos en este seminario sobre la condición femenina y el goce. ¿Hay diferencias entre la ludopatía en hombres y mujeres? ¿Qué particularidad encontramos en esa práctica en la mujer?

¿Se trata de un goce fálico, extralimitado, excesivo, similar al de los hombres adictos? ¿O se trata también de un goce sin límites, más cercano al extravío femenino, donde una mujer puede “perderse” además de perder dinero, en la maquina tragamonedas? ¿Tiene la misma importancia en el hombre y en la mujer, el hecho de ganar y perder dinero, formulas propias de un goce fálico, contabilizable?

 

La época nos plantea nuevos desafíos clínicos, el aumento de la oferta del consumo en general, de toda clase de sustancias y objetos. La industria del entretenimiento crece en sintonía con ello. Los juegos de azar, además de ser un buen negocio para los empresarios, es una fuente de ingreso para el estado que los promueve, en muchos casos sin escrúpulos, ofreciendo promesas de salvación a la gente que no tiene expectativas de incluirse en el sistema.

 

Comenzare con las premisas teóricas que me guían para pensar la ludopatía, que extraigo del estudio de las toxicomanías desde la orientación lacaniana.

 

Parto de dos cuestiones

1. Lacan ubica en “Discurso de clausura de las jornadas de carteles”1975 el lugar de las drogas en la economía de goce de los sujetos diciendo que es lo que permite romper el lazo entre el cuerpo y el falo. Se produce una satisfacción que elude el pasaje por el Otro y por el significante fálico.

 

Eric Laurent dice que se trata de una formación de ruptura, para diferenciarlo de las formaciones de compromiso de los síntomas neuróticos.

Son sujetos que, sin ser psicóticos, es decir, sin carecer de la función Nombre del Padre, no hacen un uso del mismo en la práctica toxicómana, o bien, se desregulan de un modo mortífero.

 

Decimos coloquialmente que un toxicómano es “falopero” y esa palabra lo resume bien: tiene una relación al falo, pero....

 

2. Las practicas toxicas no las pensamos en torno a las sustancias, ni a las cantidades, ni a las descripciones estándar de los manuales de psiquiatría. En psicoanálisis hablamos de función del toxico.

 

Es la función singular, determinante, que ese consumo adquiere en la economía de goce de un sujeto en un momento dado de su vida. Puede ser una sustancia o no, incluso puede ser nocivo o no, pero lo esencial es que esta referido al uso íntimo, de acuerdo a las condiciones de satisfacción pulsionales de un sujeto.

 

De este modo se puede entender, cómo algo tan inofensivo, inocuo y hasta tonto, como es el juego de maquinitas tragamonedas, de 5 y 10 centavos, pueda capturar, tragar, hipnotizar a un sujeto hasta arruinarlo, no solo en su economía monetaria sino también en su economía libidinal.

 

Mi interés de explorar esta dimensión en las mujeres se debe al hecho constatable de que el juego de maquinitas es consumido por mujeres, los bingos están repletos de ellas.

 

Los hombres, como se reproduce en el resto del mundo, juegan más al casino, póker o apuestas deportivas on-line, excepto cuando ya no disponen de suficiente dinero, entonces se vuelcan a las maquinas.

 

En el caso de las mujeres y las maquinas se constata que no sobresale esa adrenalina en la apuesta (tal como la experimenta el apostador de ruleta, póker etc.) sino una perdida que se produce por acumulación de pequeñas apuestas “hormiga”, donde también ella pierde la cuenta de ganancias y pérdidas acumuladas. Incluso, los posteriores actos delictivos por ejemplo robos y hurtos, suelen ser de tipo “hormiga” en pequeñas dosis.

 

Descriptivamente podemos ver dos maneras de jugar.

Los hombres buscan juegos de apuestas fuertes: ruleta, póker, Black Jack, apuestas deportivas, caballos, dados.

 

Las mujeres se inclinan a bingos, quinielas y especialmente maquinitas tragamonedas.  Hombres y mujeres juegan por igual, pero a distintos juegos.

 

¿Cuál es la diferencia en términos de goce? Si bien en cada caso se debe ubicar la función específica, podemos delinear algunas cuestiones.

 

En los primeros el hombre siente gran excitación frente a la posibilidad de perderlo todo, el riesgo. El goce del juego es inseparable del riesgo de perder. Establece un desafío entre él y el casino, entre el punto y la banca, el negro y el rojo.

 

Hay un ganador, hay un perdedor.

Predomina una lógica discreta, discontinua, binaria. Advertimos la dimensión fálica. En cierta ocasión un paciente me revelo como experimentaba erecciones durante el recorrido de la bolita alrededor del cilindro, previo a detenerse en el número. Una vivificación evidente.

 

En los otros juegos hay menos contraste y mayor continuidad.

Las apuestas son mínimas, que en la acumulación producen perdidas incontables, pero en unidades pequeñas. Se puede ganar un premio, pero la mayoría de las veces el sujeto que juega permanece mucho tiempo sentado, incluso si gana, no quiere irse enseguida.

 

No hay un desafío, no hay un “jugar contra algo”

Es jugar por jugar y especialmente para pasar el tiempo, pasar a otro nivel, ganar dinero para tener más y seguir jugando. Es un juego que permite un dormir despierto, no pensar, entrar en un estado “otro”, un sueño vigil, una especie de narcosis sin sustancia, que genera gran adhesividad. “Es un modo de tratar aquel dolor del que no puede desprenderse y lograr, mediante el ronroneo de la máquina, sustraerse de esos pensamientos obteniendo algún placer, pequeño, pobre, pero que es preferible a la angustia o al cúmulo de deudas y reproches, al aburrimiento, al hastío que le espera en su vida cotidiana. O que simplemente la entretiene para llenar “ese huequito” de tiempo, hueco que no quiere dejar abierto a ninguna contingencia.

 

Es interesante saber que, en la mitología griega, el dios del sueño, Hypnos, es creado como un hermano gemelo de Thanatos, pulsión de muerte.

Hypnos es la invitación a morir sin sufrir, morir durmiendo, de a poco, sin advertirlo. De hecho, entrar en un casino y observar a las personas absortas en las maquinas nos recuerda inmediatamente eso, inmóviles, el gesto automático, sin fijarse lo que hay en la pantalla, sin importar si gana o pierde. Cuando se terminan los créditos, se levanta y se va. Si gana, puede seguir, si pierde, quizás se queda mirando un rato, como juegan los demás, deambulando por las maquinas. El asunto es “dejar pasar el tiempo, dejar pasar la vida”.

 

En ambos casos, según la función que cumpla el juego es que podemos hablar de ludopatía o no. En ambos la acción puede excederse, volverse mortífera, imparable, decimos compulsiva.

 

Juego, lógica fálica y masculinidad

“...lo que está en juego en la masculinidad es una tensión conflictiva entre la templanza y el exceso, entre el límite y la transgresión, entre el todo y la excepción”

 

Los hombres esta parasitados por la pregnancia del Uno repetitivo de la función fálica, lo cual los lleva a debatirse entre la mesura y la desmesura, el control y el descontrol. Si hace esfuerzos por alcanzar una racionalidad y un equilibrio, esto ocurre precisamente porque está el riesgo y la tentación de extralimitarse. Establece un desafío, a partir de que hay algo que alcanzar, un récord que batir, un enemigo que derribar, o una barrera de lo prohibido que lo tienta a ser traspasada.

 

La presencia del falo hace que se establezca el circuito obediencia-transgresión.

 

Estamos en presencia del goce fálico cuando aparecen estos signos:

•             Compulsión

•             Repetición

•             Exceso y transgresión

•             Afectos penosos, angustia, vergüenza, culpabilidad

•             Un ideal que comanda

 

Estos rasgos se presentan tanto en hombres como en mujeres. El punto que se refiere al ideal es un punto clave, ya que funciona dirigiendo, y empujando al sujeto a reaccionar contra el mismo, produciendo un goce extralimitado.

 

Estas condiciones son evidentes, según mi parecer, en la compulsión al juego que se presenta del lado macho, especialmente en neuróticos.

La transgresión y el desafío, así como la culpa y la necesidad de perder, muy especialmente cuando están a punto de ganar o han logrado un éxito en la vida, se hallan muy presentes en la clínica de los varones jugadores.

 

Freud en su texto “Los que fracasan cuando triunfan” lo define como el castigo por ganarle al padre, pagando con la derrota la culpa por ganar.  Freud establece esa lectura también cuando habla de Dostoievski, señalando que se trataba de una acción tendiente a aliviar la culpa por los deseos de muerte al padre, y además ubica el carácter profundamente auto erótico de la manía del juego.

 

Lacan también lo menciona brevemente en el seminario 12 cuando dice “…nada menos arriesgado que el juego de azar” señalando así que el hombre que apuesta en el paño es aquel que, no apuesta realmente en la vida, no juega la partida donde su castración es lo que cuenta. Porque una apuesta tiene una condición, es algo echado a la suerte, algo que se pone a perder.

 

La apuesta del jugador compulsivo puede ir realmente por todo, donde lo que cuenta finalmente en un extremo es jugarse la vida, con tal de no pasar por la castración.  Lo apuesta todo, lo pone todo a perder, excepto eso, lo que no quiere ceder: su castración.

 

… “Apostar la vida” suena heroico, también pretencioso, un tanto absurdo. Pero no se trata de esos vicios masculinos, de gestos o gestas. Apostar la vida no es otra cosa que ceder a dar algo que no tenemos. Porque al fin y al cabo no somos dueños de nuestra vida, aunque así lo creamos por detentar el trivial poder de destruirla”

 

Tenemos allí el drama del hombre en su encrucijada fálica, con su goce insistente y repetitivo del Uno.

 

 

Mujeres y pérdidas. Un goce en continuado.

Se plantea una paradoja alrededor del goce femenino y la toxicidad de las practicas adictivas.

 

Tanto hombres como mujeres establecen defensas contra el goce, y el empuje auto erótico que se experimenta en la ludopatía puede ser una de ellas, evitando la apuesta sexual en el caso del hombre, adormeciendo y aliviando la angustia en las mujeres decepcionadas o en duelos interminables. Pero también se podría situar allí algo del extravío femenino, que facilita ese apego a la máquina, un dejarse llevar, un sumergirse. “La paradoja en el caso de las mujeres es que con el uso de ciertas drogas o bien en la narcosis alienada de la pantalla parece alcanzar una sensación extática y vitalizada, que podría identificarse al goce femenino. De este modo lograría una coartada para acceder a un goce sin pasar por el hombre como relevo.

 

Es frecuente en las mujeres jugadoras que el desencadenamiento de la compulsión se asocie a una frustración amorosa, o a un duelo no elaborado. Por viudez, por infidelidad o abandono, por circunstancias vitales (crecimiento de los hijos, migraciones), por soledad.

 

La ruptura de una promesa, una ilusión, una expectativa, puede volverse muy dolorosa, en la medida en que no logre suplirla ni elaborarla.  Dicha frustración puede ser equivalente a una muerte. Se trata de la muerte de una ilusión, de un sueño, de un amor, de un ser querido, para quien ella se sentía importante.

 

Lacan señala, en el seminario 4, que una demanda de amor frustrada o insatisfecha puede abrir el camino a la satisfacción de la necesidad.

 

En lugar de suplir el vacío con algo del don de amor o un sustituto, el sujeto puede pasar a taponarlo con la satisfacción de una necesidad, que tiene relación a un objeto que colme, obturando el vacío.

 

Encuentro una función del juego relacionada al duelo, el agujero al que la mujer se ve expuesta a partir de una perdida que ella siente como infinita y no elaborable. La dificultad para elaborar el duelo puede extender la adhesividad a la pantalla, ya que esta pregnancia de la imagen vela ese agujero, sirviendo de tapón.

 

La diferencia con el pensamiento del obsesivo, es que éste se sostiene en un ideal, es una contrainvestidura y está atravesado por el goce del falo, se defiende de sus “malos pensamientos” distrayéndose. No decimos que en una mujer jugadora esta función de separarla de los pensamientos no exista, decimos que se podría pensar algo más.

 

La transgresión al ideal, la vergüenza y la culpa, se presenta cuando dice estar “fallando” al amor de su familia, descuidando a sus seres queridos. Ella sufre por no cumplir con ese mandato, en este sentido entraría en una lógica fálica. Pero en muchas ocasiones no aparece tal relación culposa o vergonzante.

 

“La función de las drogas continúa siendo la misma a pesar de la variedad de sus presentaciones: olvidar la soledad real que afecta las condiciones intimas de cada individuo para acceder a otro estado de satisfacción, más allá de las desgracias del ser...”

 

Podemos aventurar la hipótesis, ¿estaría la mujer que juega en las maquinas más próxima a un goce femenino?

 

La mujer se abandona a la maquinita, apartándose del Otro y del semejante.

Una paciente dice: “Yo quería jugar noches enteras, jugar sin límite de tiempo. Me separé de él (su ex marido) para poder jugar así”.

Pasar las horas mirando la pantalla, que no es una película, no es una narrativa, se parece a una cadena interminable, a una continuidad. Es como el tejido de Penélope, que nunca acaba, que no tiene un objetivo, sino que es el hecho de tejer, y destejer.

 

Es probable que no mire lo que gana, lo que pierde, ni los créditos que tiene.

Puede ser que ella teja una red de “vida o de muerte, de sensatez o de locura, o también puede asumir un pavoroso realismo descriptivo, metonímico, humildemente insensato”.

 

El tejido es una metáfora del goce femenino, ya que se trata de una acción que no aspira a ninguna totalidad. No hay allí un ideal que comanda, o contra el cual se actúe.

 

El tejido no forma parte de un todo, pero puede cubrir un agujero.

No es tan simple encontrarle a esta práctica en las mujeres un significado o un enlace significante como ocurre en los hombres. Para ellos la cuestión del falo se hace presente, la impotencia de no tener, la obsesión por tener, los desafíos, la castración.

 

En ellas en cambio, predomina la dificultad de significarlo, es la ausencia de pensamientos lo que ella valora en el juego, ese estado “otro”. La cuestión del goce femenino es problemática conceptualmente, y los esfuerzos teóricos han partido de la comparación con el goce fálico.

 

Lacan fue quien pudo situar su lógica, inventando las formulas de la sexuacion. Formula al goce femenino tempranamente en "Ideas directrices para un congreso sobre la sexualidad femenina”, donde lo definía como "el esfuerzo de un goce envuelto en su propia contigüidad" para realizarse a porfía del falo. Lo cual puede ser leído como un goce que tiende a realizarse desafiando la significantización, es decir, a porfía del significante.

Hasta el Seminario 20 el paradigma del goce tenía relación al falo y su transgresión. Así lo define principalmente en el Seminario 7 El goce estaba vinculado a lo prohibido, a los desafíos de pasar los limites.

 

Es sin lugar a dudas una variante del goce, presente como señalé en los apostadores, ubicados del lado macho de las formulas de la sexuación. Pero en el Seminario 20 Lacan introduce una lectura del goce femenino, que no se relaciona directamente con la lógica fálica, la lógica del todo y la excepción, la de la verdad. Allí separa ambas posiciones sexuadas, el lado femenino y el lado masculino.

 

Dice “...Todo ser que habla se inscribe en uno u otro lado. Del lado macho el hombre se inscribe en tanto todo, mediante la función fálica, y no hay que olvidar que esta función encuentra su límite en la existencia de una x que niega la función.

 

Hay al menos uno para quien esa ley no se cumple, eso funda la excepción. “el todo se apoya en la excepción” y funda así “el ejercicio de lo que, con la castración, suple la relación sexual que no existe”

El lado hombre de la fórmula es entonces el que tiene como horizonte el todo, el conjunto cerrado, redondo, una armonía, un acuerdo, un ideal, con límites precisos. Esto funda además la ley del deseo, siempre insatisfecho, aspirando a alcanzar una satisfacción. El todo y la castración organizan lógicamente las formulas del goce fálico, un goce marcado por la negatividad, lo que hay está en relación a lo que falta.

 

Del lado femenino Lacan señala que no predomina la misma lógica, no está fundada en el todo y la excepción, entonces no hay posibilidad de exclusión, no opera del mismo modo la castración, ni el adentro/afuera, ni el ideal.

 

A esta lógica la relaciona con la inconsistencia, que no significa debilidad ni vaguedad, sino que no funciona la idea de universalidad. Allí se localiza un goce, que, a diferencia del goce fálico, no puede ser negativizado, es un goce en positivo, no le falta nada ni le sobra, no está ni adentro ni afuera, no es impugnable, no participa del lenguaje de la represión ni castración, ni tampoco se puede extraer de allí un rasgo de identificación.

 

Es un goce separado del sentido, que no remite a ningún ideal, no responde a un posible significado y por eso mismo, no puede nombrarse, o explicitarse, ya que es un goce que “se puede sentir, pero no hay palabras sobre él”

 

Se trata de un goce no capturable por el significante, donde Lacan lo circunscribe al sgte (A/), que remite precisamente a esa falta, o agujero de significación.

 

“Una mujer se extralimita? Si, cuando está regida por el goce fálico, cuando se comió sin detenerse la caja entera de chocolate. ¿Se extralimita cuando está tomada por el Otro goce, por el femenino? Ahí se complican las cosas, porque si llega a hacerlo, no es porque goce de romper un límite sino por estar tomada por un goce que la extravía”

 

Lo que imaginariamente puede desviar la idea es considerar que el goce femenino es “loco” entendiendo ese loco como excesivo, algo que supera alguna medida. Entendemos que no es equiparable lo loco a lo excesivo, Lacan se esforzó en mostrar que hay un goce en la mujer que es “fuera de medida”, lo que no significa desmesurado, sino que no participa de la lógica de los cálculos y las medidas significantes, fálicas. Por eso lo llamo “No-todo” para señalar que no apunta al todo, al cierre, a la esfera, a las clasificaciones.

 

Al estar en parte fuera de ese eje, la mujer experimenta una cercanía a la angustia, al objeto a, objeto causa, que la coloca también cerca del extravío. No es perder, la cosa más bien está en “perderse”.

Vuelvo entonces al poema de Oliverio que encabeza este trabajo.

 

El poeta, como siempre, logra decir algo que nosotros los psicoanalistas pretendemos formalizar, una dimensión del sujeto que puede perderse, a instancias de un goce que lo abarca, que puede adoptar muchas formas, una de ellas considero puede ser la ludopatía, particularmente en las mujeres.

 

Cabe señalar que esta distinción entre goce fálico y goce femenino no abarca todo el problema, porque restaría distinguir en esa práctica la vertiente de un goce superyoico, empuje tanático y mortífero, del goce femenino que no se relaciona con lo tanático, sino con ese goce “otro”. Pero eso es material para otro trabajo.

 

 

Bibliografía
Barros Marcelo “La condición femenina” Ed Grama. Bs.As. 2011
Bergler Edmund “Psicología del jugador” The psychology of gambling (1957) N. York. Hill and Wang.
Coletti, M. “Es posible curarse de la locura del juego? Los poderes de la pulsión y los resortes de la recuperación”. En “¿Cuándo el juego no es juego, es una adicción?” de Blanca D y Jiménez Murcia S. 2015. Bs. As. Lugar editorial.
Freud, S Carta 79, en Obras Completas, Vol. 1, Amorrortu, Buenos Aires. 1895.
Ídem “Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo analítico” OC Vol. 17. 1916.
Ídem. “Dostoievski y el parricidio” OC Vol. 21. 1928.
Girondo Oliverio “Antología”. Editorial Argonauta. BsAs 1986.
Lacan, J. «Journées des cartels de l’École freudienne de Paris». Maison de la chimie, Paris. Lettres de l’École freudienne, 1976, n°18.
Lacan Lacan Seminario 12 “Los problemas cruciales del psicoanálisis” inédito.
Lacan Seminario 4 «La relación de objeto» Paidós BsAs
Lacan Escritos 2 “Ideas directrices para un congreso de sexualidad femenina” Ed. siglo XXI BsAs
Lacan Seminario 7 “La ética del psicoanálisis” Ed Paidós, BsAs
Lacan Seminario 20 “Aun” Editorial Paidós BsAs
Laurent E “Tres observaciones sobre las toxicomanías.”
http://wapol.org/es/las_escuelas/TemplateImpresion.asp?intPublicacion=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=168&intIdiomaArticulo
Conferencia pronunciada en 1988 en el Campo Freudiano, Bruselas
Sinatra E. ¿Todo sobre las drogas? Grama ediciones. BsAs 2010.

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